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Rocio art

domingo, 5 de marzo de 2017

Xochitlallis: la fiesta de las cuevas para honrar a la Madre Tierra

   En la región de las Altas Montañas persisten tradiciones de origen prehispánico que ayudan a sostener la vigorosa identidad del pueblo veracruzano. Una de las más vistosas es el Xochitlallis, la fiesta de las cuevas.
La Sierra de Zongolica, donde abundan cavernas apropiadas para el Xochitlallis

   La festividad actual es resultado del sincretismo entre las religiones prehispánicas y el catolicismo. La participación que en este siglo han tomado autoridades locales, ha logrado imprimir ya una clara identidad indígena a la fiesta de las cuevas, quedando el elemento católico prácticamente olvidado.
   La profunda mística del campesino de lengua náhuatl, lo inclina a mostrar su sincero agradecimiento a Nana Tonantzin, la Diosa de la Tierra, por la abundante cosecha que dan los campos. No se corta una mazorca sin antes dar gracias a la generosa madre naturaleza por las bendiciones de los alimentos.
Vistosas danzas rituales en homenaje a Nana Tonantzin

   Por ello, las comunidades de la sierra de Zongolica, y de otros puntos de la Sierra Madre Oriental, celebran coloridos y sofisticados rituales en las cuevas de la comarca, el Xochitlallis. Los más místicos se remontan a cavernas recónditas en la sierra, donde únicamente los más íntimos celebran el ritual.
   Sin embargo, en puntos como la Cuesta del Mexicano o las Grutas de Galicia, en el municipio de Ixtaczoquitlán, las fiestas se han convertido en todo un suceso popular, que atrae numeroso turismo nacional. En esta ocasión, el alcalde Aquileo Herrera encabezó el arranque del evento, destacando en su mensaje la importancia que dan los campesinos a mostrar su gratitud a Nana Tonantzin por las cosechas. La Madre Tierra da generosamente alimentos a sus hijos, a pesar de que éstos la maltratan. Por ello es tan importante aprovechar la ocasión para pedirle perdón por los agravios que le infligimos los seres humanos.

   Para celebrar esta ya multitudinaria festividad, se elige siempre el primer viernes de marzo, ya cercana la primavera.Al iniciar marzo,  la temperatura ya es cálida, una que otra lluvia se hace presente en los fértiles campos. Además, las tradiciones chamánicas confieren a esta fecha el poder de energizar las plantas medicinales, haciendo que este día sea el ideal para recolectarlas y preparar infusiones curativas  con ellas.
   Es el momento ideal  para presentar nuestros respetos a Nana Tonantzin. Los chamanes hacen un sahumerio para purificar a los participantes, un prolongado ritual, que incluye danzas prehispánicas, se desarrolla entre conjuros y ofrendas.
   Como ya es habitual desde hace alrededor de un lustro, las autoridades municipales han aprovechado la ocasión para hacer de esta ancestral fiesta un evento turístico. Con ello se consigue poner en contacto al pueblo mestizo con esta tradición de sus ancestros indígenas, además de conseguir una importante derrama económica en favor de las comunidades de Ixtaczoquitlán donde se celebra la versión popular y turística de la fiesta de las cuevas.
   Un autobús turístico, amarillo y moteado con manchas negras como el jaguar, brinda servicio de transporte a los visitantes; lo mismo hacen numerosos autobuses convencionales que llegan desde la ciudad de Orizaba. Socorristas de diversas corporaciones están alertas con sus unidades de emergencias; la policía estatal y la Fuerza Civil garantizan la seguridad de los asistentes.
   Los organizadores han montado la adecuada logística y una vistosa escenografía desde el mismo camino que conduce  a las Grutas de Galicia desde la Cuesta del Mexicano. Guerreros jaguares acechan a los paseantes para tomarse la foto del recuerdo con ellos; danzantes vestidos a la usanza típica interpretan sus danzas machete en mano; los cuatro Tezcatlipocas, cada uno pintado con su color característico, posan para los visitantes mientras emiten rugidos de jaguar; los niños venden lamparitas para poder ver dentro de las grutas, los guías no se dan abasto para cuidar la integridad de la abigarrada masa humana que penosamente asciende a la oquedad donde los invitados especiales hacen uso de la palabra. Hay que esperar a que terminen de hablar y se retiren para que los visitantes puedan ingresar a la caverna, en grupos de diez personas.
   Los danzarines interpretan sus danzas al ritmo del teponaztli agitando sus exuberantes penachos multicolores. En un espacioso llano se han montado una gran carpa y una serie de pequeñas casetas, así como letrinas. Los paseantes disfrutan en el interior de la cómoda carpa del espectáculo de payasos, un trío de música sudamericana, un conjunto de danzantes que interpretan danzas prehispánicas, y un grupo de estudiantes del Instituto Tecnológico de la Sierra de Zongolica.
   Los estudiantes interpretan vistosas danzas típicas mexicanas, desde polkas norteñas hasta números guerrerenses, pasando por el mundialmente famoso jarabe tapatío.
   Ante el estupor de los turistas cristianos, los chamanes, vestidos con inmaculadas ropas blancas, hacen limpias con yerbas a los fuereños. “No es brujería, son tradiciones”, trata de explicar el maestro de ceremonias. Muchas personas pasan a aprovechar la oportunidad de limpiarse de los malos aires, los trabajos de hechiceros y la mala suerte. Una mujer devota mira desde lejos con espanto mal disimulado, sin conseguirse explicar cómo es que estas “costumbres paganas” siguen vigentes.

   Los festejos en honor de NanaTonantzin continuan por horas, los visitantes siguen consumiendo los alimentos y curiosidades ofrecidos por los lugareños. Algunos se quedarán hasta bien entrada la medianoche para tomar parte en el baile popular con música viva.
   Entretanto, en distintos puntos ocultos de la Sierra de Zongolica, en espaciosas cuevas a resguardo de miradas curiosas, decenas de devotos de la Madre Tierra ofrecen este primer viernes de marzo sus rituales de desagravio y gratitud, quemando copal, haciendo sahumerios y pronunciando sagradas letanías en náhuatl.
   Esta vez la fiesta de las cuevas se ha desarrollado armoniosamente; vale la pena visitar el municipio de Ixtaczoquitlán, Veracruz, cada año el primer viernes de marzo. Si te decides a hacerte presente en la cada vez más turística, folclórica y multitudinaria festividad, podrás llegar fácilmente desde el pueblo mágico de Orizaba, que se localiza a dos horas de Puebla y cuatro horas desde la ciudad de México en automóvil.

   Nana Tonantzin se sentirá dichosa de tu visita, y si lo que deseas es algo más autóctono y ceremonial, seguramente podrás averiguar dónde se realizan Xochitlallis más íntimos y conseguir la guía adecuada.
     Imágenes: Alan Ahumada